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La nostalgia de las noches brasileñas: el antiguo resplandor anaranjado de las calles de Brasil

  • Foto del escritor: aprendendo português brasileiro
    aprendendo português brasileiro
  • 14 ago
  • 2 min de lectura

Si alguna vez recorriste las calles de Brasil en los años 90 y principios de los 2000, seguramente recordarás esa acogedora luz naranja que bañaba las ciudades por la noche. No era una luz cualquiera: era la llamada "luz de sodio", proveniente de las lámparas de vapor de sodio que iluminaban las farolas de todo el país. A diferencia de la brillante luz blanca de los LED modernos, esta iluminación tenía un tono anaranjado, casi color miel, que le daba a las calles urbanas una atmósfera única, una mezcla de confort y misterio difícil de encontrar hoy en día.



Esta luz cálida y difusa creaba una especie de silenciosa invitación a bajar el ritmo. El resplandor anaranjado parecía decir: «Es de noche, hora de relajarse y disfrutar del descanso». A diferencia de la luz fría y brillante de los LED —que muchos comparan con las luces de los hospitales, porque son muy intensas y lo revelan todo, sin sombras ni secretos—, la luz de sodio suavizaba y difuminaba las sombras, casi como si ocultara pequeños secretos de la ciudad dormida. Era una estética que recordaba a escenas de películas antiguas, donde cada rincón iluminado tenía un encanto especial.


Más allá del aspecto visual, esta iluminación tuvo un efecto psicológico en las personas. La luz cálida se asocia con sensaciones de calidez y tranquilidad, mientras que la luz blanca y fría activa nuestros sistemas de atención y alerta, manteniéndonos más despiertos e incluso ansiosos. Por lo tanto, muchos brasileños sienten que las calles hoy en día invitan menos a la contemplación y la relajación, especialmente de noche. La evolución tecnológica ha traído eficiencia y ahorro de energía con los LED, pero para muchos, también ha eliminado esa atmósfera casi poética de la noche brasileña.


Nostalgia estética



Curiosamente, las lámparas de sodio presentan otras peculiaridades técnicas. Funcionan emitiendo luz mediante la ionización del sodio en su interior, produciendo el característico tono anaranjado. Fueron muy eficaces para prolongar el uso del alumbrado público nocturno y tenían una vida útil más larga que las lámparas incandescentes comunes. Sin embargo, su desventaja radicaba en la limitada reproducción de los colores; es decir, bajo esta luz, los colores reales de los objetos aparecían algo distorsionados, un efecto que hoy evoca cierta nostalgia estética.


Hoy en día, las luces LED dominan las calles brasileñas, ya que son más económicas y respetuosas con el medio ambiente. Aun así, muchos que vivieron esa época añoran el encanto y la suavidad de las luces de sodio, que hacían que las noches parecieran más mágicas y menos "explicadas". Para quienes aprenden portugués o aman Brasil, esto ofrece una pequeña muestra de cómo la luz, algo tan simple, puede moldear la percepción cultural y emocional de una época y un lugar.


Si alguna vez paseas por barrios antiguos o pueblos pequeños que aún conservan farolas de sodio, aprovecha la oportunidad para sentir esta luminosa nostalgia: un viaje melancólico y hermoso al Brasil de los años 90 y 2000, cuando las noches estaban iluminadas por un tono que invitaba a la calma y a los sueños.

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